La lucha de los nadies
El Centro de Cooperación al Desarrollo UPV celebra sus 25 años con una exposición que recoge imágenes de su lucha contra la pobreza y la injusticia
[ 26/03/2026 ]
“Los nadies: los hijos de nadie, los dueños de nada.
Los nadies: los ningunos, los ninguneados, corriendo la liebre, muriendo la vida, jodidos, rejodidos.
Que no son, aunque sean.
Que no hablan idiomas, sino dialectos.
Que no profesan religiones, sino supersticiones.
Que no hacen arte, sino artesanía.
Que no practican cultura, sino folklore.
Que no son seres humanos, sino recursos humanos.
Que no tienen cara, sino brazos.
Que no tienen nombre, sino número.
Que no figuran en la historia universal, sino en la crónica roja de la prensa local.
Los nadies, que cuestan menos que la bala que los mata”.
Para rebelarse contra la pobreza y la injusticia, para combatir la dramática realidad y ponerse del lado de los nadies a quienes con su magia y su crudeza visibilizó Galeano, nació hace 25 años el Centro de Cooperación al Desarrollo de la Universitat Politècnica de València (CCD-UPV), una entidad con un compromiso real y firme con el desarrollo humano y sostenible. Sí, de todos.
En conmemoración de la efeméride, y para dar a conocer el extraordinario trabajo realizado por los cooperantes y el equipo del CCD, la sala n-1 del Campus de Vera (València) de la UPV acoge hasta el próximo 22 de abril la exposición “Imágenes que cuentan: 25 años de cooperación al desarrollo en la UPV”, una selección de 72 fotografías galardonadas en el concurso “Instantáneas de Cooperación”, realizado anualmente por el CCD recogiendo miradas diversas sobre la cooperación internacional y el compromiso social, articuladas en torno a programas formativos, becas de movilidad internacional, programas de investigación aplicada al desarrollo humano, o actividades de sensibilización y promoción del voluntariado y la participación ciudadana.
“Sólo cuando el último árbol haya sido cortado…”
Miguel Soriano Juan estudiaba el Máster en Ingeniería Hidráulica y Medio Ambiente de la UPV cuando, en 2015, viajó a Guatemala para una estancia de 5 meses con el Programa de Cooperación al Desarrollo (ahora Meridies B) y la Asociación de Formación para el Desarrollo Integral (AFOPADI).
Allí, en una de las regiones más pobres del país, el departamento de Huehuetenango, Miguel llevó a cabo, además de apoyo técnico, un estudio sobre los recursos hídricos de la población de San Ildefonso Ixtahucan, y abrió un camino que han seguido más de una quincena de alumnos y alumnas de la mano de AFOPADI.
Allí, la lucha, que continuó el año siguiente Javier Vallés -entonces estudiante de Arquitectura UPV- se centra en la lucha contra la explotación minera que contamina sus aguas y sus suelos con la connivencia de la corrupción política.
“Más de mil campesinos sin apenas formación se plantan frente al Ayuntamiento con la esperanza de que, algún día, las cosas cambien. Pero comienzan las formalidades y el falso discurso del Excmo. Sr. Alcalde, que bien se conoce el pueblo. ¿A quién pretendes engañar, Sr. Alcalde? Sólo cuando el último árbol haya sido cortado, sólo cuando el último río haya sido contaminado, sólo cuando el último pez haya sido pescado, sólo ahí te darás cuenta de que el dinero no se puede comer”, protestan desde AFOPADI.
Pablo y Luisa abren el camino a 22 mujeres con diversidad funcional en Ziguinchor (Senegal)
En octubre de 2017, Pablo Valiente, entonces estudiante del Máster en Ingeniería del Diseño UPV, viajó a Senegal de la mano de la ONG Dexde (Design for developement) para realizar las prácticas de su trabajo final (TFM) junto al grupo Kalamisoo, integrado por 22 mujeres con diversidad funcional.
Su proyecto, consistente en el diseño y desarrollo de una familia de productos realizados en hoja de palma que Kalamisoo vende en su taller, en zonas turísticas de la zona e incluso en Europa con el apoyo de Dexde, tuvo continuidad el año siguiente cuando Luisa Tóvar, alumna del Grado en Ingeniería en Diseño Industrial y Desarrollo de Producto se encargó de llevar a cabo un estudio de técnicas de reciclado de plástico para el desarrollo de productos destinados a la venta y obtención de beneficios para la comunidad local.
Cristina, Elena, el Muro de la Vergüenza, la carretera a Nampula…
Son sólo algunas de las historias escondidas tras las fotografías que visibilizan el trabajo de centenares de cooperantes con sello UPV. Historias de pobreza, como la de Cristina, que admira con ilusión las fotografías que le hizo César en San Pablo (Guatemala), una pequeña aldea olvidada donde los problemas sociales y la delincuencia han impedido su inclusión en el mapa turístico (donde no se encuentra un solo hostal en decenas de kilómetros).
O la de Elena, la mujer de 88 años que pinta su casa de azul celeste cada dos primaveras en Dajabón (República Dominicana), donde el CCD ha abastecido de agua y estufas a poblaciones límitrofes gracias al Programa de Pequeños Subsidios del Fondo para el Medio Ambiente Mundial (PPS) y Meridies 2018.
O también la del “El muro de la vergüenza”, de Pablo Ortín Soriano en Lima (Perú), que muestra, “a un lado, uno de los focos de pobreza urbana más grandes de Perú. Al otro, un distrito de chalets con alto nivel económico. En medio, un muro que separa personas y realidades, y manifiesta la injusticia y la desigualdad del mundo”.
Son imágenes que narran realidades incómodas, difíciles, como “De regreso a casa”, la fotografía de un atardecer en la carretera N1, de camino a Nampula (Mozambique), “donde el polvo se mezcla con el calor que aún queda del día… Niñas y niños caminan de vuelta a casa tras la escuela, algunos en silencio, otros jugando. Los adultos cargan lo que pueden: leña, cubos, cansancio… Todos saben que hay llegar a casa antes de que oscurezca”.
Infancias atacadas… y ‘remeros expertos’
Infancias atacadas, que defienden su derecho a jugar, aunque sea sobre el esqueleto de un coche destrozado en Figuig (Marruecos) o volando “la cometa de la libertad” en los campamentos de la población refugiada saharahui en Wilaya de Bojador, son otro de los mensajes que envían fotografías que impactan.
Y lo hacen mostrando, en muchos casos, a niños y niñas que compaginan como pueden su derecho a una infancia feliz con la necesidad de trabajar para sacar adelante sus vidas y las de sus familias como los pequeños escalando palmeras o recogiendo redes tras un día de pesca en Oussouye (Senegal).
O los ‘remeros expertos’ recomendados para cruzar el lago Phewa, en el Valle de Pokhara (Nepal)… un niño de 7 años y una anciana.
¿Derechos sociales?
Junto a los niños y niñas, las mujeres son el colectivo más vulnerable al que los cooperantes se esfuerzan en apoyar, proteger y reforzar, y la exposición es buena muestra de ello. La imagen de Gloria Deus, reina de la calle visibilizando el movimiento drag en Guatemala, o la de las mujeres de San Miguel Pelón (Honduras), diseñando su cuadro de gastos tras ganar el premio de emprendimiento con su negocio de producción de huevos y gallinas criollas, hablan por sí solas, como la desgastada mirada del anciano de Riu Omo, en Etiopía.
“En el mismo barco”, muestra a su vez a cooperantes y trabajadores volviendo cada día del trabajo juntos, “pegados, agarrándonos unos a los otros debido a las turbulencias del camino. Y las muchas veces que se hunde el camión en el barro, todos bajamos, empujamos, excavamos”, cuenta María José Martínez Piña, cooperante del Project Outre-mer (CIPO) en Kribi, Camerún.
Las bodas de oro de Patrice y Zaji
Pero incluso en las circunstancias más adversas, la alegría es también a veces capaz de abrirse paso, como en Kitega (Uganda), donde Joel celebra exultante su graduación, o en el parque central de Nebaj (Guatemala), donde lideresas indígenas llevan a cabo una ceremonia maya con fuego, flores, velas e incienso.
Son todos momentos vividos por cooperantes que trabajan, sin descanso, para ayudar a crear un mundo mejor, estudiantes y profesionales de la UPV implicados en proyectos que, como explica Mª de los Llanos Gómez Torres, directora del CCD, tienen como objetivo “la construcción de sociedades más justas, sostenibles y solidarias”.
Mientras todo esto sucede, en Baasneeré (Burkina Faso), en un país donde la esperanza de vida apenas alcanza los 60 años, Patrice y Zaji celebran sus bodas de oro. Lo hacen con una fiesta gigante, en un lugar donde el cristianismo, el islam y las creencias tradicionales conviven en paz y todo el mundo quiere ser participe del acontecimiento.
Tal vez, desde allí, nos estén enviando un mensaje que todos deberíamos comprender.
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